Una reflexión sobre el papel de la iglesia en el sistema educativo occidental y particularmente en Latinoamérica.
Seguramente cualquiera que esté leyendo este artículo asistió durante sus épocas de escolar a clases de religión, o en su defecto, estudió en un colegio de curas o monjas tan proliferantes en nuestro país, de hecho, hoy en día, nuestros hijos asisten a clases de religión o van a colegios de monjas o curas, la particularidad es que después de veinte años de haber modificado la constitución política en Colombia y habernos declarado un Estado Laico, aun existan colegios públicos controlados y administrados por curas y monjas y además que las “clases de religión” en los colegios, sean clases de “catolicismo” y que incluso, otras cátedras como ciencias sociales o ciencias naturales, digan que la naturaleza fue creada por Dios y que el universo fue una creación del Dios católico. Sinceramente esta situación es propicia para entablar una acción popular en contra del sistema educativo colombiano, que viola derechos fundamentales consagrados en la Constitución Política de Colombia en sus artículos 16, 18 y 19 y que conllevarían a dos situaciones, o el estado distribuye uniformemente la administración de instituciones educativas públicas entre todas las confesiones religiosas e iglesias que existen en el país o ninguna podrá administrar o profesar sus creencias dentro del currículo académico de las instituciones educativas públicas en el país; incluyendo a la iglesia católica.
Pero más allá de meter a los magistrados de la corte constitucional en camisa de once varas y en una de las denuncias ciudadanas más controversiales de la historia en Colombia, es importante analizar cuál es el sentido de todo esto. Algunas veces quisiera imaginar que todo fué un ingenuo accidente, pero tengo que reconocer que todo es obra de un sistemático plan de la iglesia católica formulado desde su mayor gloria en la edad media. Paradójicamente la que durante siglos fuera la mayor enemiga de la ciencia y la razón, hoy se ufana de ser la cuna educadora. Durante la edad media la iglesia se apodero abruptamente del sistema educativo limitándolo a escazas instituciones educativas a las cuales solo tenían acceso los hijos de la burguesía o quienes se estaban formando en oficios sacerdotales, no obstante, el currículo se reducía a un modelo educativo denominado el cuadrivium y el trívium, el primero estaba constituido por geometría, aritmética, astronomía y música, el trívium: por retórica, gramática y dialéctica. Sin embargo el nivel matemático era bajo, apenas una aritmética y una geometría muy elemental, el epicentro de la educación era el estudio de la religión y de Dios y todo estaba relacionado con una explicación de su existencia y omnipotencia. El único objetivo era garantizar que si de estas escuelas salían “sabios” estos no atentaran contra la estructura de la iglesia y la religión.
Posteriormente en el renacimiento y más en la Revolución Industrial, la educación se fue constituyendo en un instrumento fundamental para el avance de la sociedad y especialmente de la técnica, por lo cual se comenzó a generalizar y a expandir en los pueblos, así entonces, viendo la iglesia que su enemigo, la razón, comenzó a fortalecerse, decidió, como en muchas ocasiones; unirse a ella. Así entonces a comienzos de la primera guerra mundial, aprovechando la desgracia de la sociedad europea y de algunos países de Asia, empiezan a aparecer orfanatos católicos donde se fundan escuelas no muy diferentes a las de la edad media, pero esta vez, estarían direccionadas a las víctimas de la guerra. Lo propio sucede en la segunda guerra mundial y así la iglesia poco a poco, se apoderó del sistema educativo en occidente, un caldo de cultivo ideal para propagar y mantener la fe y el temor en Dios en toda la cultura occidental. La historia en América no fue muy diferente, después de la conquista, la iglesia tuvo una fuerte presencia en las comunidades indígenas a través de las misiones, en donde la enseñanza de la lectura y la escritura, se basaba en los estudios de los textos sagrados; la geometría, el cálculo y la matemática se utilizaba para diseñar y construir iglesias, la comprensión de la naturaleza, el universo y la vida se reducía a una creación de Dios.
Probablemente el infortunio más grande de la iglesia en su incursión en la educación lo encontró en la universidad, tanta conglomeración de razón y ciencia era inmanejable para la iglesia, pero a su vez, resultó ser un negocio muy rentable, entonces las circunstancias obligaron otra vez, a que la iglesia se aliara con su enemigo.
Pero lo que resulta profundamente doloroso para la sociedad colombiana y en general la latinoamericana, es darse cuenta que desde la edad media hasta hoy, pleno siglo XXI, la iglesia sigue metiendo su mano descaradamente en el sistema educativo y en el currículo de escuelas y colegios públicos, su campaña de propagación sigue siendo abierta y los gobiernos se hacen los de la vista gorda ante esta situación, lo peor es que los argumentos cosmogónicos siguen desplazando a los cosmológicos y nuestros niños siguen siendo marginados, parcialmente, de la razón y la ciencia de una manera arbitraria por un sistema educativo sesgado por la iglesia y los mitos de la religión católica.
Tomado de: http://www.ateoscolombia.org
